Nosotros

Nuestra Historia

El área que hoy ocupa la Casa de la Música Mexicana remonta su historia a la época prehispánica. El terreno se ubica a la orilla de la isla de Tlatelolco, específicamente en el barrio de Atenantitech, que en náhuatl significa “A la orilla del bordo”. Éste era un paso obligado entre Tlatelolco y México-Tenochtitlán.

Además de ser un barrio habitado por la nobleza indígena, también fue escenario de continuos enfrentamientos entre ambos pueblos. Fue en esta antigua isla tlatelolca donde los jóvenes indígenas abordaron el conocimiento de la cultura universal, de artes y oficios en general.

Durante la época de la Conquista, los señores aztecas dirigieron desde aquí la defensa final de Tenochtitlán ante los invasores españoles. Tras la derrota, llegó la evangelización y con ella los misioneros franciscanos, quienes fundaron la Escuela de Santa Cruz de Tlatelolco. Aquí enseñaban a los jóvenes la música religiosa cristiana.

Durante el Virreinato a esta zona se le conoció, aunque con escasa población indígena, como el barrio de Santa Ana Atenantitech. Debido a las continuas inundaciones, el lugar recibió tiempo después el nombre de “La Lagunilla”.

A fines del siglo XIX, se instalaron en la zona numerosas fábricas. En el recinto de Francisco González Bocanegra 73, dirección actual de la Casa de la Música Mexicana, se construyó una fundidora de metal.

Posteriormente, en 1929, funcionaba como una empresa de hilados y sedas estampadas llamada “Mexican Silk Company”, la cual en 1962 empleaba a 162 trabajadores y estuvo en actividades hasta 1987, año en que el Gobierno del Distrito Federal tomó el predio. Testimonio de esta época son las dos antiguas máquinas de textiles, una caldera y pequeñas láminas de zinc que se utilizaban en los diversos estampados de sedas propias que se encuentran también en el Museo de Sitio.

En 1990, se inaugura la Casa de la Música Mexicana con la misión de investigar enseñar, difundir y preservar la música popular mexicana en todas sus manifestaciones.